Anfitrión

PERSONAJES:

Acción: en Tebas

Estrenada el 206 a. C.

En esta comedia, única en la que Plauto aborda un tema mitológico, se exponen los preliminares del nacimiento de Hércules. El hecho de que entre sus personajes figuren algunos dioses justifica el título de "tragicomedia", que el propio autor le asigna en su prólogo.

La acción tiene lugar en Tebas, ante el palacio de Anfitrión. La marcha de éste a la guerra contra los teléboas permite a Júpiter reemplazarlo como marido ante su esposa Alcmena. La vuelta del marido auténtico crea una serie de situaciones jocosas, a causa del exacto parecido entre él y Júpiter y entre su criado Sosia y Mercurio, ya que ambos dioses han tomado sus respectivas figuras.


 

Mecurio

Tebas

Mercurio define el carácter especial de esta obra: "Vengo por orden de Júpiter; mi nombre es Mercurio... Ahora os voy a decir en primer lugar para qué he venido aquí como embajador; después, os expondré el argumento de esta tragedia... ¿Por qué habéis fruncido el ceño? ¿Porque he dicho que ésta iba a ser una tragedia? Yo soy un dios, enseguida la habré cambiado. Si así lo queréis, la convertiré de tragedia en comedia, sin cambiar un solo verso... Haré una obra mixta, una tragicomedia. Pues hacer que, del principio al final, sea comedia una obra en la que intervienen reyes y dioses no me parece correcto... Como en ella tiene también su papel un esclavo, haré, como he dicho, que sea una tragicomedia... Júpiter me ha encargado que os pida que vayan unos cuantos inspectores, fila por fila, por todos los graderios, a vigilar a los espectadores. Que, si ven a ciertos partidarios dispuestos a favorecer a alguno de los poetas concursantes, se les coja allí mismo en prenda sus togas; que, si algunos han intrigado para que se conceda la palma a los actores... y si los ediles la dieran a alguno de forma poco equitativa, ha ordenado Júpiter que se les aplique la misma ley que si hubieran intrigado para obtener una magistratura para sí o para otro... También me ha mandado Júpiter que se designen vigilantes para los actores. Que a aquellos que hubieran organizado una claque, para que les aplaudan o para quitar el favor del público a otro concursante, que les destrocen sus disfraces y su propio pellejo... Júpiter en persona va a representar esta comedia...y yo mismo actuaré con él... Ahora, escuchad con atención, mientras yo os expongo el argumento de esta comedia"

"Esta ciudad es Tebas; ahí, en esa casa, vive Anfitrión... con quien está casada Alcmena... Este Anfitrión es ahora general en jefe de las legiones, pues el pueblo tebano está en guerra con los teléboas... Mi padre, Júpiter, está ahora ahí dentro, acostado con Alcmena, y por esta razón se ha prolongado la noche,... metamorfoseado en Anfitrión... Yo he tomado la figura del esclavo Sosia, que se fue de aquí al ejército con Anfitrión... Ahora, hoy mismo, vendrá aquí Anfitrión, de vuelta de la guerra, y también el siervo cuya figura he tomado yo. Para que nos podáis distinguir más fácilmente, yo llevaré estas plumitas en mi sombrero; mi padre tendrá un cintillo de oro por debajo del suyo. Anfitrión no tendrá esta señal: ninguno de la servidumbre de la casa podrá ver estos distintivos, pero vosotros sí".

Sosia

Rememora episodios bélicos

Se presenta en escena Sosia, el criado de Anfitrión.

Viene asustado por el riesgo que ha corrido al andar de noche por la ciudad y deplora su condición de esclavo, víctima de los caprichos del amo.

Rememora los episodios bélicos en que ha participado junto a Anfitrión y la victoria sobre los teléboas.

Por encargo de su amo viene a anunciar a Alcmena tan faustas nuevas y su retorno al hogar. Le contará cómo su marido envió embajadores a los teléboas, para llevarles sus propuestas de paz, que éstos no aceptaron; cómo ambos ejércitos se aprestaron a la batalla; cómo, antes de entablarla, ambos jefes celebraron una entrevista, en la que acordaron que los que resultaran vencidos entregaran a merced del vencedor su ciudad, su territorio, sus altares, sus hogares y sus propias personas; le describirá la batalla, en la que Anfitrión decapitó por su propia mano a su rival, el rey Ptérelas, y recibió la rendición de su ciudad...

Mercurio

Se ha colocado a la entrada del palacio metamorfoseado en Sosia

Mercurio, el mensajero de los dioses monta la guardia a la puerta del palacio de Anfitrión, mientras Júpiter ocupa el puesto de éste junto a su esposa y alarga la noche, para prolongar su amorosa aventura.

Mercurio, metamoríoseado en Sosia, se dispone a impedir a éste la entrada en el palacio y a gastarle, de paso, una broma pesada.

Surge entre ambos una viva disputa, que llegó a ser tan popular (sobre todo en la posterior versión de Moliere), que la voz "sosia" acabó designando al "doble" de otra persona.

En efecto, los dos pretenden que son Sosia, y el Sosia auténtico es vapuleado de lo lindo por el sosia-Mercurio, que le cuenta, con todo detalle la campaña contra los teléboas.

Sosia tiene que reconocer que su antagonista es idéntico a él en todo.

A pesar de ello no ceja en sus intentos de comunicar a Alcmena el encargo de Anfitrión.

Como se lo impide, de mala manera, Sosia-Mercurio, vuelve al puerto a contar a su amo el extraño caso de la duplicidad de su propia persona.

Al verse solo, Mercurio comenta para sí: "He alejado de la puerta el mayor de los impedimentos para que mi padre pueda abrazar a Alcmena con toda seguridad. Cuando Sosia haya llegado ante su amo Anfitrión, le contará que otro siervo Sosia le ha impedido acercarse a la puerta de su casa. Anfitrión creerá que le está mintiendo y que no ha venido hasta aquí, como él le había ordenado. Voy a colmarles de embrollos y a volverles locos a ellos y a toda la servidumbre de Anfitrión, hasta que mi padre se sacie de la mujer que ama... Al final, solamente al final, todos sabrán lo que ha sucedido. Entonces Júpiter restablecerá la anterior armonía entre Alcmena y su marido".

Júpiter

Se despide temporalmente de Almena

El falso Anfitrión se despide de Alcmena con la excusa de que debe cumplir sus deberes de jefe del ejército. Ante las protestas de Alcmena, le promete volver en cuanto pueda y le regala la copa en la que bebía el rey de los teléboas.

Anfitrión

Ledesconcierta el extraño relato de Sosia

Sosia cuenta lo sucedido a Anfitrión y éste, como ya anunció Mercurio, no da crédito a tan absurdo relato y cree que trata de burlarse de él.

Ante sus amenazas, Sosia añade: "Te lo he repetido diez veces: estoy en casa y... estoy también aquí, contigo... La verdad es que estoy a la vez aquí y allí... Te aseguro que esto no me parece a mí menos asombroso que a tí,... ni yo... podía darme crédito a mí mismo,... hasta que mi otro yo, Sosia, me ha forzado a creerlo. Me ha contado, de cabo a rabo, todo lo que ha ocurrido mientras hemos estado en el país enemigo. Además, no sólo me ha robado la figura, sino también el nombre... Tú tienes ahora un doble Sosia".

Alcmena

Llega el verdadero Anfitrión. Frío recibimiento. Malentendidos. Amenaza de divorcio

Alcmena, al verse abandonada tan pronto por su presunto marido, exclama: "Es voluntad de los dioses que siga al placer la pena como eterna compañera... He tenido un poco de felicidad, durante el corto tiempo que me ha sido dado volver a ver a mi marido, tan sólo una noche; y, de repente, éste se ha ido de mi lado, de aquí, antes del amanecer...Más pena me ha deparado su marcha que alegría su llegada. Aunque, eso sí, me hace feliz, al menos, el hecho de que ha vencido a nuestros enemigos y retorna a su hogar tras haber alcanzado la gloria. Esto me sirve de consuelo".

Llega el verdadero Anfitrión, seguido por el también verdadero Sosia.

Espera que, tras su larga ausencia, su esposa lo reciba con amor.

Alcmena, al verlo, piensa que él quiere comprobar si echa de menos su ausencia breve.

Anfitrión la saluda efusivamente y Alcmena, creyendo que se está burlando de ella le dice: "¿Por qué volvéis aquí tan pronto? ¿Acaso te ha detenido algún auspicio o el mal tiempo te impide ir hacia las legiones, como me dijiste hace poco?".

El marido muestra su asombro ante tan frío recibimiento.

Ella insiste: "¿Dices que acabas de llegar, cuando lo que acabas es de irte?... Os he visto hace poco, antes del amanecer, tanto a éste como a ti..., aquí, en la casa donde vives".

Anfitrión le contesta que se merece una buena reprimenda por no querer saludarle a su llegada y añade: "Antes solías saludarme a mi llegada, hablarme como las mujeres honestas suelen hablar a sus maridos. Ahora, en cambio, al llegar a casa, encuentro que has perdido esa buena costumbre".

Alcmena le dice: "Ayer, cuando llegaste, te saludé al momento, te pregunté también por tu salud, marido mío, te tomé de la mano y te di un beso".

Su marido piensa que Alcmena ha perdido el juicio.

Ella sigue insistiendo: "Cenaste conmigo y conmigo te acostaste... Al despuntar el alba te fuiste hacia tus legiones... ¿Quién, sino vosotros dos, me contó en dónde tuvo lugar la batalla? Te he oído contar cómo conquistaste una ciudad muy grande y mataste tú mismo al rey Ptérelas... ¿Vas también a negarme que hoy me has regalado una copa de oro...? ... Aquí tienes la copa: tómala... Se sirvió la cena. Cenaste conmigo...Tú decías que tenías sueño... y nos fuimos a acostar... Yo me acosté en el mismo lecho, contigo, en nuestro dormitorio".

Anfitrión piensa que su mujer ha sido seducida en su ausencia.

Alcmena defiende su inocencia.

Anfitrión la acusa de adulterio y alega que él ha cenado en el barco.

Tras una serie de malentendidos y reproches mutuos, Alcmena dice: "Para mí la dote consiste en la honestidad, el pudor, el dominio de las pasiones, el temor a los dioses, el amor a los padres, la concordia entre los parientes, el ser complaciente contigo, el ser generosa con los buenos, el ayudar a la gente de bien".

Anfitrión la amenaza con el divorcio. Después se va en busca de Náucrates, pariente de Alcmena, para que éste atestigüe que él ha pasado la noche en su nave.

Júpiter de nuevo

Le pide disculpas, lo que acaba de pasar hace un momento era una broma, para probarla

Llega Anfitrión-Júpiter diciendo: "He venido a prestar auxilio a Alcmena, a la que su marido Anfitrión acusa injustamente de adulterio, a pesar de que es inocente: sería yo culpable, si dejara caer sobre ella el peso de una falta que sólo yo he cometido".

Por su parte, Alcmena, indignada y dolida por el ultraje que le ha inferido Anfitrión, está dispuesta a abandonar la casa, si su marido no le ofrece una satisfacción y jura que se arrepiente de las acusaciones de que la ha hecho objeto.

El falso Anfitrión se disculpa ante Alcmena, asegurando que sus reproches (hechos por el verdadero Anfitrión) han sido una broma para ponerla a prueba y ver cómo reaccionaba.

Le pide que lo perdone y no esté enfadada con él.

Alcmena le manda a paseo: "Mi virtud ha dejado tus palabras por vanas...: adiós, quédate con tus bienes y devuélveme los míos" (fórmula romana de comunicación de divorcio).

Pero, ante el juramento de Anfitrión-Júpiter, Alcmena depone su enfado.

Júpiter comenta: "Los seres humanos gozan de los placeres y sufren enseguida las miserias que les siguen. Se enfadan unos con otros y se reconcilian de nuevo. Pero, si sobreviene un enfado como el nuestro, entonces, si las dos partes se reconcilian de nuevo, se quieren luego el doble que antes".

Anfitrión de nuevo

Júpiter, Alcmena, Sosia y Mercurio

El verdadero Anfitrión, que no ha podido hallar a Náucrates, vuelve a casa dispuesto a averiguar quién ha deshonrado a su esposa.

Sosia-Mercurio le impide entrar en su casa (aquí, una laguna de unos 300 versos). El texto se reanuda en el verso 1035 y el desenlace resulta un tanto inesperado.

Bromia

Aclara lo sucedido

Como suele suceder en las tragedias, una esclava, Bromia, anuncia todo lo sucedido: "Pues bien, yo haré que tú, Anfitrión, sepas que tu esposa es una mujer fiel y virtuosa... Ante todo, Alcmena ha alumbrado dos hijos gemelos... Déjame hablar, para que sepas que todos los dioses os son propicios a ti y a tu mujer... Cuando se puso hoy de parto tu esposa, invoca a los dioses inmortales, para que la ayuden... Entonces se escucha un horrísono trueno. Al principio creíamos que se derrumbaba tu casa... Mientras tanto, ninguno de nosotros oyó a tu mujer gimiendo o llorando; ha tenido, sin duda un parto sin dolor. Después del parto, ordenó que bañáramos a los niños... El niño que yo bañé, ¡qué grande es y qué fuerza tiene!... Después que fue puesto en la cuna, bajan volando, desde lo alto del techo al patio, dos gigantescas y cristadas serpientes... En cuanto divisaron a los niños, se dirigen raudas a su cuna... Cuando uno de los niños vio las serpientes, salta rápidamente de su cuna, se lanza directamente sobre las serpientes, coge a cada una de ellas con una mano, con gran rapidez... El niño estrangula a las dos serpientes. Mientras ocurre tal prodigio, llama con clara voz a tu mujer el rey supremo de los dioses y de los hombres, el propio Júpiter. Éste dijo que se ha acostado en secreto con Alcmena y que el niño que ha vencido a aquellas serpientes es hijo suyo. Dijo también que el otro es tu hijo".

Anfitrión y Júpiter

Alcmena ha dado a luz dos hijos, uno de Anfitrión y otro de Júpiter

Anfitrión comenta: "No me duele, si es con Júpiter con quien tenga que compartir la mitad de mi bien".

Júpiter le consuela: "Ante todo, Anfitrión, te diré... que he gozado por sorpresa del cuerpo de Alcmena y que de esta unión concibió un hijo. Tú también la dejaste embarazada, cuando partiste para el ejército; en un solo parto ha alumbrado a la vez dos niños; uno de ellos, el que ha nacido de mi sangre, te colmará de gloria inmortal con sus hazañas. Vuelve tú a vivir en armonía, como antes, con tu esposa Alcmena. No ha merecido que tú le hagas reproche alguno: he sido yo quien la obligó a obrar así. Ahora, me voy al cielo".

A lo que contesta Anfitrión: "Hágase tu voluntad; te ruego que cumplas tus promesas. Entraré a ver a mi mujer..." Con este "final feliz" acaba la "tragicomedia".