Los asnos

PERSONAJES:

Acción: en Atenas

Estrenada el 212 a. C.

El título de esta comedia se debe al hecho de que, con las veinte minas procedentes de la venta de unos asnos, un joven enamorado, Argiripo, logra rescatar a su amada.

El padre del joven, Deméneto, vive tiranizado por su adinerada esposa, que, asesorada por Sáurea, su administrador, controla el patrimonio familiar. Para conseguir el dinero necesario para comprar durante un año los favores de Filenio, padre e hijo urden una estratagema: un mercader extranjero ha venido a entregar a Sáurea las veinte minas pagadas por los asnos en cuestión. Argiripo logra apoderarse de ellas, haciendo que un esclavo suyo se haga pasar por Sáurea.

La escena tiene lugar en Atenas, ante las casas contiguas de Deméneto y de la alcahueta Cleéreta.

 


 

Deméneto

Lamenta carecer de autoridad en su casa

Deméneto dice a su siervo Líbano: "Ya sé que mi hijo está enamorado de esa golfa que vive al lado, de Filenio... Líbano, si todos los padres me hicieran caso, serían complacientes con sus hijos: es el único modo de ganarse su afecto y su simpatía... Mi hijo, Argiripo, me ha pedido hoy mismo que le diera una cantidad de dinero para sus amores; quiero a toda costa darle ese gusto a mi hijo... Quiero que disponga de dinero para que se lo dé a su amante".

Líbano contesta: "Sáurea, el esclavo que tu mujer ha traído con su dote, dispone de más medios que tú mismo".

Deméneto se lamenta por carecer de toda autoridad en la familia: "Recibí dinero y, a cambio de la dote, vendí mi autoridad de marido... Mi hijo necesita con urgencia veinte minas de plata: procura tú que este dinero esté enseguida a su disposición... Sácamelas a mí con cualquier engaño... Que te ayude Leónidas".

Argiripo

Sin dinero Cleéreta no le deja ver a Filenio

Argiripo se muestra desolado; como carece de dinero, ha sido echado de la casa de su adorada Filenio.

Cleéreta, la alcahueta que hasta ahora favorecía sus amores, expone sus razones: "Tu corazón está clavado aquí, en nuestra casa, con una flecha de Cupido... Sé su único amante, si das siempre tú solo el precio que yo te pida... Servicios a cambio de dinero.... ¿Por qué me haces tantos reproches, si me limito a ejercer mi oficio?... Para una alcahueta un amante es como el pescado, no es bueno, si no está bien fresquito. Éste es jugoso, sabroso, se le puede cocinar de cualquier manera... El amante que está todavía fresquito... está dispuesto a dar y a que le pidan cualquier cosa... Este negocio nuestro es muy parecido al del cazador de pájaros. El pajarero, una vez que ha preparado el terreno, esparce los granos que sirven de cebo. Los pájaros se habitúan a ellos. Quien busca una ganancia debe hacer algún gasto; los pájaros comen a menudo, pero, una vez cazados, resarcen de sus pérdidas al cazador. Lo mismo pasa con nosotras: la casa es para nosotras el cazadero, el pajarero soy yo, el cebo es la meretriz, el lecho es el reclamo, los enamorados son los pájaros. Ellos cogen la querencia a fuerza de saludos amables, de caricias, de besos, de palabras dulces y cariñosas..."

Líbano pretende rescatar a Filenio

Leónidas le propóne un plan

Líbano se declara dispuesto a inventar una estratagema para conseguir el dinero necesario para rescatar a la joven Filenio.

Viene a su encuentro el esclavo Leónidas, que piensa para sus adentros: "Si Líbano quiere colaborar conmigo y cazar al vuelo esta ocasión que se nos ofrece, alumbrará conmigo para sus amos, el padre y el hijo, unos despojos sin igual, rebosantes de satisfacciones..."

Al encontrarse con Líbano le propone este plan: "¿Recuerdas que nuestro mayordomo vendió unos asnos de Arcadia a un tratante de Pella?... El tratante en cuestión ha enviado aquí el dinero, para entregárselo a Sáurea en pago de tales asnos: acaba de llegar el joven que trae ese dinero... Estaba yo sentado en la barbería, cuando dicho joven comienza a preguntarme si conozco a Deméneto, hijo de un tal Estratón. Yo le digo enseguida que sí, que lo conozco; me presento como esclavo suyo y le indico nuestra casa... Me dice que él le trae al mayordomo, a Sáurea, el dinero para pagar los asnos, o sea, las veinte minas, pero que no sabe quién es Sáurea y, en cambio, conoce muy bien a Deméneto... Le digo que yo soy el mayordomo... Él va y me dice: yo no conozco a Sáurea... Por favor, tráeme a tu amo Deméneto... y te entregaré al instante el dinero".

Acto III

Cleéreta, Filenio, Líbano, Leóidas y Argiripo

Llega el portador del dinero a casa de Deméneto y pregunta detalles sobre Sáurea, el administrador.

Líbano se los proporciona refiriéndose a Leónidas. Este se presenta como Sáurea, profiriendo amenazas contra Líbano, ante el enviado por el mercader.

Este pretende hablar con Deméneto, antes de entregar el dinero a Sáurea, y quiere hacerlo en su presencia.

Mientras tanto, en un diálogo entre Cleéreta y Filenio, ésta declara su amor por Argiripo, el elegido por su corazón.

El esclavo Leónidas elogia la colaboración prestada por Deméneto: "El viejo Deméneto ha sido muy amable con nosotros. ¡Con qué gracia fingía que yo era Sáurea! A duras penas pude contener la risa, cuando se puso a gritarle al extranjero, por no haber querido fiarse de mí, en ausencia suya..."

Argiripo y Filenio

Amenazan con el suicidio. Leónidas les ofrece una solución

Argiripo y Filenio amenazan con el suicidio, si su amor resulta imposible.

Leónidas ofrece al joven galán la ansiada solución: "Aquí está la bolsa, hay veinte minas; si quieres, te las doy"

Viene a continuación una escena de gran comicidad, en la que Líbano expone a Argiripo las condiciones que debe cumplir para disponer de las veinte minas: "Tu padre nos ha mandado traerte este dinero... Ha ordenado que te demos las veinte minas, pero ha impuesto algunas condiciones: que le cedas por una noche la muchacha y le des a él una cena".

Diábolo, otro pretendiente de Filenio

Advierte a la mujer de Deméneto de tode el asunto, quien le sorprende con esa

Diábolo, otro joven pretendiente de Filenio, presenta a Cleéreta su contrato: "No dejará entrar a ninguna otra persona en su casa... Las puertas estarán cerradas para todos, excepto para mí..."

Despechado por haber sido vencido por Argiripo, Diábolo decide vengarse de su rival y contar todo el asunto a la esposa de Deméneto.

Un parásito se encarga de decirle a ésta que su marido está de juerga, con su hijo, en casa de una amante y que ambos están divirtiéndose a costa de ella.

Durante la cena en casa de Filenio, Argiripo muestra su disgusto al verla con su padre.

La esposa de éste dice al parásito: "Por favor, ¿dices que mi marido está ahí de copeo, acompañado de mi hijo, que le han dado a la amante de éste veinte minas de plata y que el padre, a sabiendas del hijo, comete semejante escándalo?... ¡Y yo que creía, tonta de mí, que mi marido era el más prudente de los hombres, sobrio,... y, sobre todo, amante de su mujer!... No volverá a hacer lo que ahora está haciendo... Ara el campo ajeno y deja en barbecho el familiar... Encima, está corrompiendo a su hijo... ¡Te juro que voy a hacerle la vida imposible!..."

Sigue el festín y, ante las protestas de Argiripo, por la actitud licenciosa de su padre, éste contesta: "Estoy completamente con el alma en los pies por culpa del amor de ésta".

Su esposa escucha indignada tales palabras y otras en las que habla mal de ella. No puede aguantar más y se lanza furiosa contra Deméneto: "¿Con esa cabeza llena de canas tiene que venir tu mujer a sacarte de una casa de perdición?"

Deméneto, anonadado, comenta. "Mala noche me espera: mi mujer me condena y me lleva a casa".

El coro de actores pone fin a la obra: "Este viejo, si quiso echar una cana al aire, a espaldas de su mujer, no hizo una cosa nueva, ni extraordinaria, ni distinta de lo que hacen los demás... Ahora, si queréis interceder, para que no le propinen una paliza al pobre viejo, creemos que podréis conseguirlo, si nos dais un sonoro aplauso".