Las báquides

PERSONAJES:

Acción: en Atenas

Estrenada el 189 a. C.

Las protagonistas, que dan nombre a esta comedia, son dos hermanas gemelas, de vida libre y alegre. Junto a ellas, dos jóvenes enamorados, dos padres de carácter contrapuesto, un soldado fanfarrón y un siervo de gran astucia.

El argumento es un tanto complicado; en esencia es el siguiente: una de las dos hermanas, que llamaremos Báquide I, ha conocido en Samos al joven ateniense Menesíloco. Ahora bien, en ausencia de éste, que ha sido enviado por su padre, Nicobulo, a Éfeso, a cobrar 1.200 filipos de oro, que había entregado a un amigo suyo, se ha marchado a Atenas con el soldado Cleómaco, que la ha contratado por 20 minas.

Al enterarse Menesílabo de su infidelidad, ruega a su amigo Pistoclero que intente encontrarla. Este la encuentra, pero es seducido por Báquide II. Los dos amigos están, pues, enamorados de la que creen que es la misma Báquide.

Necesitan veinte minas para librar del soldado a Báquide I. Crísalo, criado de Menesíloco, se procura el dinero engañando al viejo Nicobulo, su amo. Menesíloco, creyendo que su amigo Pistoclero le ha traicionado, devuelve las veinte minas a su padre. Después se aclara que hay dos Báquides y que cada una de ellas está enamorada de uno de los dos amigos.

Al conocer la verdad, Menesíloco pide de nuevo a Crísalo que consiga el dinero para liberar a Báquide I...

 


 

Báquide II pide un protector para su hermana

Crísalo advierte a Pistoclero que el militar está a punto de llegar

Báquide II pide a Pistoclero: "Mi hermana me ruega que yo le encuentre a alguien que la proteja contra este militar, de modo que, cuando haya terminado su servicio con él, la traiga de nuevo a casa... para que aquél no se quede con ella como si fuera esclava suya. Por cierto que, si ella tuviera dinero para dárselo a cambio de su libertad, se lo daría con mucho gusto..."

Crísalo advierte a Pistoclero: "El militar va a venir de un momento a otro... a reclamar el dinero para liberar a Báquide... Hemos traído de Éfeso los mil doscientos filipos de oro, que le debía a nuestro viejo amo un amigo íntimo suyo. Ya inventaré hoy algún truco, para poner el oro a disposición del enamorado hijo del amo".

Nicobulo

Inquitud por la tardanza de su hijo

Nicobulo muestra su inquietud por la tardanza de su hijo; Crísalo le dice: "En primer lugar (tu amigo de Éfeso) comenzó a decirle a tu hijo que él no te debía ni siquiera tres óbolos,... que la contraseña de reconocimiento de hospitalidad era falsa y, por consiguiente, no lo reconocía como huésped... Cuando el pretor nos hubo dado recuperadores, nuestro hombre, una vez condenado, nos devolvió a la fuerza los mil doscientos filipos. Tras haberle sacado el oro, embarcamos, ansiosos de volver a casa... Pero, cuando salimos del puerto (de Éfeso) nos siguen, a fuerza de remos, unos piratas, con más rapidez que las aves y los vientos... Detuvimos inmediatamente nuestra nave... Nos retiramos de nuevo al puerto... El día siguiente descargamos todo el oro en su presencia, a la vista de todos,... para que los piratas se enteraran de lo que habíamos hecho... Depositamos todo el oro en casa de Teótimo, que es allí sacerdote de la Diana de Éfeso... Está guardado en el templo mismo de Diana. Allí está vigilado oficialmente... Ahora tú mismo tienes que emprender un viaje allí, en nave, para retirar tu oro de casa de Teótimo y traerlo a casa... Acuérdate de llevar el anillo de tu hijo... porque ésa es la contraseña convenida con Teótimo para que éste devuelva el oro a quien le presente ese anillo".

Lido, Pistoclero y Menesiloco

Menesíloco acusa aPistoclero de haberle traicionado

Lido le dice a Pistoclero: "Las dos Báquldes no son dos Báquides, sino dos bacantes enloquecidas. ¡Aparta de mí esas malditas hermanas, que chupan la sangre de los hombres!... ¿Que guarde yo en secreto todo esto? ¿Que oculte yo a tu padre, Pistoclero, tus escándalos, tus ruinosos dispendios y tu vida de ocio, cosas con las que arrastras a tu padre, a mí, a ti mismo y a todos tus amigos al oprobio, a la ruina,...?

Entra en escena Menesíloco diciendo: "Cuando me fui de aquí a Éfeso,... le envié aquí desde Éfeso, a mi amigo Pistoclero
una carta, para que tratara de encontrar a mi amiga Báquide. Sé que la ha encontrado... Crísalo... le ha gastado a mi padre una buena pasada a propósito del oro, a fin de que yo dispusiera de dinero para mis amores".

Y, dirigiéndose a Lido, añade: "Estás acusando injustamente a Pistoclero, que es inocente. No hace sino cumplir fielmente un encargo de su amigo... No vayas a creer que es él mismo quien está enamorado".

Lido replica: "¿Acaso, para cumplir celosamente el encargo de un amigo, es preciso que esté sentado él mismo con la amante de éste abrazada a él y besuqueándolo... Yo me he quedado sin un discípulo; tú, sin un amigo; éste, sin un hijo".

Menesíloco, creyéndose traicionado, exclama: "He devuelto todo el oro a mi padre... ¡A duras penas me ha concedido el perdón de Crísalo!... Pistoclero, me has hundido por completo, a mí, a tu amigo... ¿No te envié yo, desde Éfeso, una carta, a propósito de mi amiga, para que me la encontraras?... ¿Es que no tenías en Atenas otras muchas golfas para tener trato con ellas, sino que tenía que ser con la que yo te había encargado...? Has causado mi perdición".

Pistoclero se defiende. "¡Dos Báquides hay ahí dentro!... Dos hermanas"

Parásito

Pistoclero se deshace de él

El parásito del militar que se llevó de Samos a su amiga llama a casa de Pistoclero y dice: "En resumen, el militar Cleómaco me ha mandado a decirle (a Báquide) que le devuelva los doscientos filipos de oro o se vaya hoy con él a Elatea".

Pistoclero despide sin contemplaciones al parásito. Menesílabo comenta: "He dado al traste con toda la labor de Crísalo... Estoy perdido"

Crísalo

Se dispone a engañar al viejo

Después le pide a Crísalo: "Ahora, Crísalo, es preciso que me hagas otro favor... Tienes que descubrir otro camino para engañar al viejo... Trama, forja lo que sea, inventa lo que quieras, combina las piezas, para engañar con tu astucia al astuto viejo y birlarle el oro... Necesitamos los doscientos filipos que el militar exige por el rescate de Báquide... Nuestra vida, Crísalo, depende de ti".

Crísalo entra en acción: "Coge enseguida el punzón y las tablillas... Escribe en ellas lo que voy a dictarte... 'Padre, Crísalo no para de regañarme, porque te he devuelto el oro y porque no te he engañado... Por eso, padre, guárdate de él; está preparando un truco para quitarte el oro; desde luego, ha dicho que te lo quitará... y promete que me dará el oro a mí, para que yo me lo coma en casas de mala nota y viviendo a la griega... Padre, mira que no te engañe; por favor, ten cuidado... No le des una tanda de azotes, pero déjalo en casa atado y bien atado'".

Tras dictar esta carta, Crísalo prosigue así: "Escuchad los dos. Tú, Menesíloco, y tú, Pistoclero, poneos a la mesa, cada uno con su amiga... y empezad enseguida a beber... Una vez que os hayáis recostado, no os levantéis de ningún modo, hasta que yo os haya dado la señal... Pero, por el momento, necesito que el viejo esté furioso, feroz. Para que triunfe este engaño no conviene que el viejo se quede tan tranquilo, cuando me haya visto... Pasearé ante tu puerta, para entregarle la carta en propia mano, cuando él salga y venga hacia mí".

Al leer la carta, Nicobulo le dice a Crísalo: "Menesíloco me ha contado todas tus maldades".

Nicobulo amenaza a Crísalo..., que lo lleva ante la sala del festín.

Llega Cleómaco

Furioso por el engaño de Menesíloco

Llega Cleómaco hecho una furia: "¿Cómo es que ese Menesíloco, el hijo de Nicobulo, pretende quedarse a la fuerza con una mujer que me pertenece?... Cree que yo no soy un soldado, sino una mujer y que no soy capaz de defenderme, a mí y a los míos. Que nunca confíen en mí ni Belona ni Marte, si, como lo encuentre, no le rompo el alma o le quito la vida".

Nicobulo pregunta a Crísalo: "¿Quién es ese que amenaza a mi hijo de esa forma? "

Crísalo contesta: "Es el marido de la mujer junto a la que está recostado... Por favor, haz que me suelten, sorprenderá a tu hijo en flagrante delito... ¿Por qué no ordenas que se me suelte?... Puedes llegar a un acuerdo con el militar, por un poquillo de dinero"

Nicobulo, asustado, dice a Crísalo: "Prométele lo que te parezca, con tal que no lo coja infraganti y lo mate".

Cleómaco sigue amenazando: "Como no me devuelvan los doscientos filipos, les arrancaré el alma a los dos".

Crísalo, tras asegurar que ha concertado un arreglo por doscientos filipos, presume de haber superado en astucia al propio Ulises y añade: "El viejo le entregará ahora al militar los doscientos filipos... hacen falta otros doscientos..."

Nicobulo engañado

Crísalo le entrega una carta de su nijo Menesíloco

Llega Nicobulo y le cuenta la actitud de Menesíloco ante la reprimenda que le ha soltado por encargo de su padre. Luego le entrega una nueva carta de Menesíloco: "Padre, por favor, entrégale a Crísalo doscientos filipos, si quieres conservar a tu hijo sano y salvo... Padre, me da vergüenza presentarme ante ti; he oído decir que sabes el delito tan grande que he perpetrado, al haberme acostado con la mujer del militar forastero... Reconozco que me he comportado como un necio; pero, por favor, padre, si he cometido un delito, no me abandones... Crísalo me ha reprendido con muchas y muy duras palabras y, con sus consejos, me ha hecho volver al buen camino, por lo que debes estarle muy agradecido... Dame doscientos filipos, te lo suplico... He prestado solemne juramento de que hoy mismo, antes de caer la tarde, se los daré a esta mujer, antes de que se vaya de mi lado... Ahora, padre, procura que yo no cometa perjurio y líbrame cuanto antes de este lugar y de esta mujer, por la que he malgastado tanto dinero y he provocado tamaño escándalo"

Crísalo aconseja a Nicobulo: "Si yo estuviera en tu lugar, le daría el oro, antes que permitir que el muchacho se pierda... Incluso si hubiera que perder una suma mayor, sería menos doloroso perderla, que ver divulgarse por doquier semejante escándalo"

Nicobulo entrega el dinero a Crísalo. Después comenta indignado: "Me muero de vergüenza. ¡Mira que, a mi edad, haberse burlado tan miserablemente de mí dos veces!... El militar me ha contado, de pe a pa, todo el asunto, es decir, que la que se me decía que era su mujer es una furcia... que él tenía contratada para sí por un año..."

Filóxeno y Nicobulo entran en casa de las Báquides

Son engatusados por ambas hermanas

Filóxeno, su amigo le pregunta: "¿Por qué no llamamos a la puerta y los hacemos salir a los dos?"

Entran en casa de las Bácchides los dos viejos y son engatusados por ambas hermanas, de las que quedan prendados, víctimas de sus encantos y de las artimañas propias de su oficio.

El coro de actores pone fin a la comedia con estas palabras:
"Si estos viejos no hubieran sido unos botarates desde su juventud, no harían hoy una afrenta tan grande a sus canas... Hay padres que, en los prostíbulos, se convierten en rivales de sus propios hijos".