soldado fanfarrón

PERSONAJES:

Acción: en Éfeso

Estrenada el 206-205 a. C.

En griego lleva el título de Alazón.

Por la pobreza de ritmos se le atribuye a su primera época.

Durante una ausencia de Pleusicles, un militar de Éfeso, Pirgopolinices, se lleva de Atenas a su amiga Filocomasio.

Palestrión, esclavo de Pleusicles, viaja a Efeso para advertir de ello a su amo. Es apresado por unos piratas y vendido como esclavo al mismo Pirgopolinices.

Escribe desde Éfeso a su amo y este acude y se aloja en una casa contigua, propiedad de su amigo Periplectómeno.

 

Acto I

Pirgopolinices y su parásito Artotrogo

Una serie de baladronadas proferidas por Pirgopolínices y aplaudidas y exageradas aún más por Artotrogo, su parásito.

Acto II

Prólogo a cargo de Palestrión

Palestrión, esclavo de Pleusicles, joven ateniense enamorado de Filocomasio, raptada por el militar, expone con todo detalle la situación creada: "Esta comedia tiene en griego el título de "Alazón"; nosotros, en latín, la titulamos "Gloriosus" (EI fanfarrón). Esta ciudad es Éfeso; el militar es mi amo,... un fanfarrón, un desvergonzado, un tipo asqueroso, que rezuma perjurio y adulterio. Presume de que lo acosan todas las mujeres, pero por dondequiera que va, hace el ridículo ante todas ellas... Yo estoy a su servicio desde no hace mucho tiempo... Yo tenía en Atenas un amo, un joven, una bellísima persona. Este joven estaba enamorado de una cortesana, cuya madre era de Atenas. Ella correspondía a su amor... Este joven fue enviado, como miembro de una embajada oficial, a Naupacto... Mientras tanto, llega casualmente a Atenas este militar... y, en cuanto se le presentó una ocasión, coge a la muchacha a la que amaba mi amo, la embarca y, contra su voluntad, la trae a Éfeso... Cuando me entero de que la amiga de mi amo ha sido llevada a la fuerza fuera de Atenas,... me procuro una nave y me embarco en ella rumbo a Naupacto, para anunciar a mi amo lo sucedido... Cuando nos hallábamos ya en alta mar... unos piratas capturan la nave en la que yo iba... El que me hizo cautivo me entrega como presente a este militar. Cuando éste me llevó a su casa, veo en ella a la que había sido en Atenas la amante de mi amo. Al verme, me hace con los ojos señas de que no le hable. Después, en cuanto se le presentó una ocasión, la pobre chica lamenta conmigo su triste suerte. Me dice que está deseando salir huyendo de esta casa y volver a Atenas, que sigue enamorada del amo que tuve en Atenas y que a nadie odia más que a este militarote..."

"Como vi los sentimientos que albergaba en su corazón esta mujer, cogí unas tablillas, escribí en secreto una carta y se la entregué a cierto mercader, para que se la llevase al amo que yo había tenido en Atenas... pidiéndole que viniera aquí, a Éfeso..."

"Ha venido y se aloja precisamente aquí, en casa del vecino, un huésped de su padre, un viejo simpático,... que nos ayuda con su colaboración y nos anima con sus consejos. Así pues, he preparado aquí dentro un maravilloso ardid, para que puedan reunirse los dos enamorados; en efecto, en una habitación que el militar ha reservado para su concubina, en la que sólo entra ésta, he horadado la pared medianera para que por este boquete pueda pasar la muchacha a casa del vecino de al lado... La misma muchacha va a representar hoy el papel de dos, de la que vive aquí y de la que va a vivir en la casa del vecino".

Acto II, Escena II

Periplectómeno descubre que un esclavo del vecino ha visto el engaño

Periplectómeno, el vecino jovial y comprensivo, tras ordenar a sus esclavos que impidan que desde la casa contigua vean lo que pasa dentro de la suya, dice a Palestrión: "Todo se ha descubierto... hace un momento uno de vuestros esclavos ha estado viendo, desde el tejado, por el patio, en nuestra casa, a Filocomasio besándose con mi huésped".

Palestrión toma precauciones: "Pero, ¿está todavía Filocomasio en tu casa?... Por favor, vete y ordénale que pase aquí lo antes posible, para que la vean en casa mis compañeros de servidumbre; a no ser que ella quiera que todos nosotros, los que somos esclavos, acabemos crucificados, por culpa de su amor... Dile también esto, que no desdiga lo más mínimo del ingenio femenino, que se mantenga fiel a los artificios y métodos propios de las mujeres... que con sus palabras convenza al esclavo que la ha visto aquí de que no la ha visto en absoluto... Aunque la haya visto cien veces, ella persistirá en negarlo, a pesar de todo... He aquí el plan que se me ha ocurrido... Diré que ha venido de Atenas aquí la hermana gemela de Filocomasio con un amante suyo...; que ambos están alojados, como huéspedes, en tu casa... Si mi consiervo la acusa ante el militar de haberla visto aquí besándose con un extraño, yo le convenceré de que a quien ha visto en tu casa mi camarada ha sido a esta hermana, besándose y abrazándose con su amante".

Acto II, Escena III

Escéledro cuenta a Palestrión lo que ha visto

Escéledro, esclavo del militar, cuenta a Palestrión: "Estoy seguro de haber visto a Filocomasio, la amiga del amo, buscándose la ruina aquí, en la casa del vecino de al lado... Hoy he estado persiguiendo a nuestro mono por el tejado del vecino... y, desde arriba, he mirado casualmente al patio de al lado y he visto a Filocomasio besuqueándose con un joven desconocido... Lo he visto con mis propios ojos... Ahora ella está en casa del vecino..."

Acto II, Escena IV

Filocomasio cuanta que la pasada noche ha soñado con su hermana gemela

Palestrión le asegura que Filocomasio está en casa del militar. Para ratificar sus palabras, la propia Filocomasio sale de casa y le dice: "Esta noche me ha parecido ver en sueños que mi hermana gemela había venido de Atenas a Éfeso con su amante y que ambos se alojaban, como huéspedes, aquí, en la casa de al lado... Me pareció que yo me alegraba, porque había venido mi hermana; y soñaba también que, a causa de ella, recaían sobre mí las más graves sospechas, pues uno de mis esclavos me acusaba de que yo había estado besándome con otro joven...; he soñado que se me acusaba sin fundamento, calumniosamente, de esto".

Palestrión opina que se debe dar cuenta de esto al militar.

Filocomasio añade que ella no está dispuesta a que se la acuse impunemente de algo que no ha cometido.

Acto II, Escena V

Escéledro se asombra de que Filocomasio pueda estar a la vez en las dos casas

Al poco tiempo sale de casa del vecino y dice a una esclava:
"Pon fuego sobre el altar, para que, rebosante de gozo, prodigue yo alabanzas a la Diana de Éfeso y le dé las gracias... por haberme salvado en los turbulentos dominios de Neptuno... Ayer por la tarde llegué de Atenas a Éfeso con mi amante, un joven ateniense... he oído decir que aquí está mi hermana gemela; he venido a buscarla... Estoy aquí en casa de mi huésped, no en la mía; mi casa está en Atenas..."

Tras pronunciar estas palabras, entra en casa de Periplectómeno.

Al instante sale Escéledro de casa del militar diciendo que la amiga del amo está, en efecto en ella, echada en su cama.

Palestrión le amenaza: "Me parece que te has metido en un buen lío,... por haberte atrevido a ponerle las manos encima a esta mujer de la casa del vecino... Nunca me convencerá nadie de que no es la hermana gemela de Filocomasio. Ésta es, seguro, la que tú habías visto ahí besándose"

Acto II, Escena VI

Periplectómeno exige una satisfacción a Escéledro

Aparece Periplectómeno protestando: "Los esclavos de mi vecino, el militar, me toman por una mujer, no por un hombre. ¡Vaya una manera de burlarse de mí! ¿Es posible que, en plena calle, insulten... a una mujer a la que tengo como huésped, que vino ayer de Atenas con un huésped mío; a una mujer de nacimiento y de condición libres?...

¡Por todos los dioses y diosas! Si no se me das (Escéledro) una satisfacción, propinándote una buena paliza de la mañana a la tarde, por haberme roto todas las tejas de mi tejado, mientras perseguías a ese mono, tan similar a ti, y por haber estado espiando, en mi casa, a mi huésped... haré que tu amo se cubra de oprobio..."

Mientras tanto, Filocomasio pasa de una casa a otra y Escéledro está perplejo ante la duplicidad de la joven.

Acto III

A Pleusicles no le agrada causar tantas molestias

Pleusicles lamenta estar causando tantas molestias a Periplectómeno: "¿Y es correcto que a causa de mi amor tengas que aguantar a tu edad tanto trajín?

Periplectómeno: "¡Y dale con la edad! ¿Te has ceído que estoy en el umbral del Aqueronte? ¿Te parece que ya viví bastante? ¡Aún no he cumplido los cincuanta y cuatro!

Palestrión, aludiendo al militar, dice: "Mi amo es un gran especialista en mujeres casadas, como no lo ha habido ni lo habrá jamás, creo yo... Presume de ser más apuesto que Paris y dice que, por eso, lo acosan en Éfeso todas las mujeres... ¿Puedes encontrarme tú una mujer de figura atractiva, cuyo cuerpo sea un dechado de encantos y de malicia, que rebose vitalidad..., y lo más joven posible...? Quiero que me la traigas enseguida a tu casa y la presentes aquí ataviada como si fuera una señora..., que se comporte como si fuera tu esposa legítima... y simule que se muere de amor por este militar. Debe fingir como que ha dado este anillo a su sirvienta y ésta a mí, para que yo, a mi vez, se lo entregue al militar, como si yo hiciera de alcahuete en este asunto".

Periplectómeno está dispuesto a colaborar: "Si le hubieras encargado al propio Sol que te la buscara, no habría podido encontrar dos muchachas más pintiparadas para este asunto, que las que tengo yo".

Acto III, Escana II

Escéledro y Lurción

Escéledro ha bebido más de la cuenta y está durmiendo la mona.

Filocomasio envía al otro esclavo de Prigopolinices, Lurción, a un recado, para poder pasar de una casa a otra con total tranquilidad

Acto III, Escena III

Aparece Periplectómeno con las dos cortesanas

Palestrión se las promete muy felices: "Hoy voy a birlarle al militar su concubina... Mas he aquí que Periplectómeno trae a la mujer que le he encargado. ¡Es realmente muy guapa!... ¡Qué distinción en su atavío y sus andares! No parece una golfa".

Periplectómeno explica el asunto a la cortesana Acroteleutio, que viene acompañada de Milfidipa, su esclava:
"Si es que no habéis captado todos los detalles de nuestro plan, os repetiré mis instrucciones, para que os enteréis bien. (A Palestrión) Aquí tienes a las jóvenes que me mandaste traerte, con el atuendo convenido... Las traigo a ambas muy bien aleccionadas..."

Palestrión da sus instrucciones a Acroteleutia: "Quiero que simules que eres la esposa de éste (Periplectómeno)..., que finjas que estás perdidamente enamorada del militar y que hagas como si una esclava tuya y yo mismo fuéramos los mediadores en este asunto..., y como si tu criadita me hubiera traído de tu parte este anillo, para que yo se lo entregue al militar en nombre tuyo... Ea, Periplectómeno, llévatelas dentro de una vez. Yo me voy al foro en busca del militar; le daré el anillo, le diré que me lo ha dado tu mujer y que ésta se muere de amor por él. En cuanto volvamos del foro, mándanos a ésta (Milfidipa), como si su ama se la hubiera enviado a él de tapadillo".

Acto IV

Llega Pirgopolinices

Llega Pirgopolinices y Palestrión le da el anillo diciendo:
"Recibe tú... de mí esta prenda de amor... de una mujer encantadora, deliciosa, que está prendada de ti y arde en deseos de poseer a un hombre tan apuesto; su criada me ha dado este anillo, para que te lo entregue a ti... Es muy joven y está casada con un viejo... Es una mujer encantadora, de elegante figura... Es la única mujer digna de tu hermosura... Se trata de la esposa de Periplectómeno, el vecino de al lado. Se muere de amor por ti y quiere abandonar al viejo, a quien detesta. Me ha encargado que te ruegue y te suplique que le des los medios y la posibilidad..."

Al militar le entusiasma la aventura amorosa, pero dice que no sabe qué hacer con Filocomasio.

Palestrión le comunica que han venido a buscarla a Éfeso su madre y su hermana gemela; le aconseja que regale a Filocomasio las joyas y los vestidos que le haya dado, y que le deje irse a donde le dé la gana.

Acto IV, Escena II

Milfidipa

Se acerca Milfidipa, la criada de Acroteleutio, comentando en voz alta lo nerviosa que está, que el corazón se le salta en el pecho de puro amor por esse soldado tan guapo, por Pirgopolinices.

Pirgopolinices comenta a Palestrión que es muy mona, también le gusta.

Acto IV, Escena III

Palestrión convence a Pirgopolinices que deje marchar a Acroteleutio

Pirgopolinices pica el anzuelo y ruega a la joven Filocomasio que se vaya con su madre y con su hermana a Atenas.

Acto IV, Escena IV

Acroteleutia comienza a seducir a Pirgopolinices

La astuta Acroteleutia se dispone a seducir al militar con sus halagadoras palabras: "Si rehusa tomarme como esposa, abrazaré sus rodillas, le suplicaré;... si no puedo conseguirlo, me daré la muerte; sé que no puedo vivir sin él".

Acto IV, Escena V

Palestrión logra su libertad

El militar accede a todo lo que le pide Acroteleutio, logra incluso que deje a Palestrión ir con ella a Atenas.

Acto IV, Escena VI

Acroteleutia y Pirgopolinices

Acroteleutia y Milfidipa engatusan a Pirgopolinices

Acto IV, Escena VII

Llega Pleusicles disfrazado de capitan de barco apremieando

Llega Pleusicles, disfrazado de patrón de barco, y dice al militar: "Vengo a buscar a Filocomasio de parte de su madre. Si está dispuesta a irse, que se vaya de una vez; está deteniéndonos a todos; queremos hacernos a la mar".

Acto IV, Escena VIII

Filocomasio y Palestrión se despiden de Pirgopolinices. Fingen tristeza

Filocomasio y Palestrión fingen una emotiva despedida de él.

Acto IV, Escena IX

Pirgopolinices cae en la trampa

Poco después de la partida de ambos, llega Milfidipa y dice a Pirgopolinices. "Mi ama te suplica que entres. Te quiere, te desea, te espera ansiosa. Consuela a tu amante".

Entra en la casa Pirgopolinices y Milfidipa prosigue: "Él mismo ha quedado prendido en las redes. Dentro se le ha preparado la emboscada. Al acecho está el viejo, dispuesto a arrojarse sobre ese seductor, tan orgulloso de su propia belleza,... Ya oigo el griterío que se ha armado ahí dentro".

Acto V

Pirgopolinices salva su virilidad por muy poco

Periplectómeno ordena a sus esclavos: "Lleváoslo; si no os sigue por las buenas, arrojadlo fuera en volandas. Colgadlo entre cielo y tierra; ponedlo bien esparrancado... Carión, procura que esté bien afilado el cuchillo... Que antes se le dé una buena tanda de palos... ¿Por qué has osado acáriciar a la mujer de otro, sinvergüenza?... Jura que no harás daño a nadie por los palos que hoy has recibido y por los que vas a recibir, s¡ es que te dejamos escapar vivo de aquí... Que se le dé otra paliza; después, creo que ya puede irse".

Carión, el cocinero, exige al militar: "Danos una moneda de oro..., para que te dejemos hoy salir de aquí con tus testículos a salvo".

Periplectómeno profiere una amenaza final: "Si te vuelvo a cazar aquí otra vez, carecerás de los testigos de tu virilidad".

Hecho una verdadera pena, Pirgopolinices pregunta por Filocomasio. Le dicen que todos se han largado con viento fresco y navegan ya rumbo a Atenas.