Edipo Rey

PERSONAJES:

 

 

Estrenada el 428 a. C.

Asustado por un oráculo, Layo, rey de Tebas, capital de Beocia, había ordenado que fuera abandonado en el monte Citerón su hijo recién nacido. El esclavo encargado de hacerlo entrega el niño a un pastor de Corinto, que se lo lleva a Pólibo, rey de esta ciudad. Llegado a adulto, el joven, llamado Edipo, da muerte, sin reconocerlo, a Layo en una disputa. Tras resolver el enigma de la Esfinge, llega a Tebas y se casa con la viuda de Layo, sin saber que es su propia madre, convirtiéndose así en rey de la ciudad.

 

 

Prólogo / 1-50

Edipo, sacerdote y Creonte

Tebas es arrasada por la peste. Edipo decide conocer la causa, para poder conjurar sus efectos desastrosos. Para ello envía a su cuñado Creonte a consultar el oráculo de Delfos:
"He puesto en marcha el único remedio que se me ha ocurrido, tras pensarlo bien. He enviado a Creonte, mi cuñado, al santuario pítico de Febo, a consultar qué debo decir o hacer para salvar a nuestra ciudad... En cuanto él llegue aquí, sería yo un criminal, si me negara a cumplir lo que haya manifestado el dios".

Párodo / 51-215

Coro de ancianos tebanos

 

Episodio I / 216-462

Edipo, Creonte y Tiresias

Al regresar del santuario de Apolo, Creonte trae la solución:
"El soberano Febo nos da la orden expresa de 'expulsar la mancha alimentada por este país y de no dejarla crecer hasta que ella llegue a ser irremediable...'Hay que desterrar a los culpables o hacerles pagar una muerte con otra, puesto que es esta sangre... la que está sacudiendo nuestra ciudad... Este país... tuvo como soberano a Layo, en otro tiempo, antes de que tú mismo tuvieras que gobernarlo... Murió y ahora el dios nos obliga claramente a vengarlo, castigando con rigor a sus asesinos".

Estásimo I / 463-512

Coro de ancianos tebanos

Edipo maldice al desconocido asesino de  Layo y el coro,  formado por ancianos de Tebas, describe en sus lamentaciones los estragos que causa la peste, suplica a los dioses su ayuda y pide la colaboración del adivino Tiresias:
"Yo sé que el noble Tiresias, como el soberano Febo, posee el don de la clarividen­cia. ¡Oh rey! Si se recurriera a él para llevar a cabo esta investigación, se obtendría una información muy exacta".

Episodio II / 513-862

Edipo, Creonte y Yocasta

Tiresias, invitado a hablar por Edipo, se muestra reacio a hacerlo, pero ante la insistencia del rey, le dice: "Tú eres el criminal cuya impureza mancha este país... Repito que eres tú precisamente el asesino buscado... Sin saberlo, convives, en una relación infame, con los parientes que te son más queridos, sin darte cuenta del grado de miseria al que has ido a parar".

Estásimo II / 863-902

Coro de ancianos tebanos

Edipo echa en cara a Tiresias su incapacidad como adivino, ya que no había podido descifrar el enigma de la Esfinge. Le acusa, además, de haber urdido con Creonte un plan para destronarlo. Tiresias, indignado, prosigue: "Me has echado en cara que soy ciego; pero tú, aunque conservas aún la vista, no ves en qué grado de desgracia te encuentras ahora, ni bajo qué techo habitas, ni con quiénes estás conviviendo. ¿Sabes tal vez de quiénes eres hijo? No dudes de que eres odioso para los tuyos... Muy pronto, como un doble azote, las maldiciones de tu padre y de tu madre se acercan con terrible paso y te van a expulsar de aquí. Tú ves ahora la luz del día, pero muy pronto te sumirás en la oscura noche... Antes que tú, jamás hombre alguno habrá sido más duramente maltratado por la suerte... El hombre que tu buscas desde hace algún tiempo... está aquí mismo. Se cree que es un extranjero, ... establecido en este país, pero se pondrá en claro que es un tebano auténtico... Él veía, pero a partir de ahora será un ciego; era rico y mendigará una limosna y, tanteando ante él su camino con un bastón, dirigirá sus pasos a tierra extranjera. Y... se pondrá de manifiesto que él es, a la vez, padre y hermano de los hijos que lo rodean , esposo e hijo, al mismo tiempo, de la mujer de la que nació y rival incestuoso, así como también asesino, de su propio padre".

Episodio III / 911-1085

Edipo, mensajero de Corinto y Yocasta

Llega Creonte y se defiende de la acusación que ha formulado Edipo contra él: "Para empezar, reflexiona sobre esto: ¿Crees tú que alguien puede preferir reinar en medio de sobresaltos a dormir plácidamente, disfrutando del mismo poder? En cuanto a mí, no he nacido con la pasión de reinar, sino más bien con el deseo de vivir como un rey. Y lo mismo le pasa a cualquiera que tenga uso de razón. Ahora lo obtengo de ti todo, sin abrigar temor alguno. En cambio, si yo fuera rey, ¡qué cantidad de cosas tendría que hacer contra mi voluntad! ¿Cómo podría yo, pues, preferir el poder absoluto a una autoridad que no causa ninguna inquietud?".

Estásimo III / 1086-1109

Coro de ancianos tebanos

Edipo no acepta las razones de Creonte y entre ambos surge una violenta dis­puta. Interviene Yocasta e intenta calmarlos. Les dice que ningún mortal participa en el arte de la adivinación: "Nadie posee el arte de predecir... Una vez le llegó a Layo un oráculo, no del propio Apolo, sino de sus sacerdotes. Según esta profecía, la suerte que le esperaba era la de perecer a manos de un hijo que nacería de él y de mí. Ahora bien, a Layo, según el rumor público, lo mataron unos bandoleros en un cruce de tres caminos. Por otra parte, a dicho niño, una vez nacido, apenas transcurridos tres días, Layo, atándole los pies, lo hizo abandonar en un monte desierto. Por ello, Apolo no pudo hacer ni que el hijo matara a su padre, ni que Layo, como él temía, muriera a manos de su hijo".

Episodio IV / 1-50

Edipo, pastor tebano, mensajero de Corinto etc...

Alarmado Edipo al oir que Layo había sido muerto en un cruce de tres caminos, pregunta a Yocasta en qué lugar y en qué momento sucedió la desgracia. Yocasta le contesta: "El país se llama Fócide; la encrucijada es aquella en que confluyen los caminos que vienen de Delfos y de Daulia... La noticia llegó aquí poco antes de que fuera reconocido tu poder sobre Tebas... (Layo) era corpulento. Sobre su frente comenzaban a blanquear sus cabellos. Su figura no era muy diferente a la tuya".

Estásimo IV / 1186-1222

Alarmado Edipo al oir que Layo había sido muerto en un cruce de tres caminos, pregunta a Yocasta en qué lugar y en qué momento sucedió la desgracia. Yocasta le contesta: "El país se llama Fócide; la encrucijada es aquella en que confluyen los caminos que vienen de Delfos y de Daulia... La noticia llegó aquí poco antes de que fuera reconocido tu poder sobre Tebas... (Layo) era corpulento. Sobre su frente comenzaban a blanquear sus cabellos. Su figura no era muy diferente a la tuya".

Éxodo / 1223-1530

Alarmado Edipo al oir que Layo había sido muerto en un cruce de tres caminos, pregunta a Yocasta en qué lugar y en qué momento sucedió la desgracia. Yocasta le contesta: "El país se llama Fócide; la encrucijada es aquella en que confluyen los caminos que vienen de Delfos y de Daulia... La noticia llegó aquí poco antes de que fuera reconocido tu poder sobre Tebas... (Layo) era corpulento. Sobre su frente comenzaban a blanquear sus cabellos. Su figura no era muy diferente a la tuya".

Llega de Corinto un mensajero y anuncia la muerte de Pólibo, rey de esta ciudad y presunto padre de Edipo, por lo que éste va a ser proclamado su sucesor en el trono. Yocasta y Edipo muestran su alegría al recibir esta noticia, que, a su jui­cio, invalida el efecto del oráculo en cuestión. Sin embargo, a Edipo le inquieta la predicción de que se casará con su propia madre, que aún vive en Corinto. El mensajero cree disipar sus temores diciéndole que la reina de Corinto, Mérope, no era su verdadera madre, ya que a él se lo había entregado, recién nacido y con los tobi­llos atravesados, un pastor de Layo en el monte Citerón y que, después, él mismo se lo había ofrecido como regalo a Pólibo, que no tenía hijos.

Yocasta suplica al mensajero que no continúe su relato, pero Edipo, que sospecha que su esposa no quiere sentirse humillada por su presunto origen, quiere conocerlo, por humilde que pueda ser. Yocasta, presa de la desesperación, entra en el palacio.

El Coro vaticina el origen tebano de Edipo y su probable descendencia de un dios; llega el viejo pastor de Layo. El mensajero de Corinto lo reconoce. Edipo le pregunta si le entregó el niño en cuestión. El pastor lo confirma y añade que era uno de los vastagos de la familia de Layo y que se lo entregó la esposa de éste para que lo matara, por temor a funestos oráculos, ya que se decía que él mataría a su padre. Se lo había entregado a otro pastor, pensando que éste lo llevaría a otro país, lejos de Tebas.

Edipo, angustiado, entra en palacio. El Coro lamenta su aciago destino. Sale del palacio un mensajero y anuncia que Yocasta se ha suicidado y que Edipo se ha arrancado los ojos:
"(Edipo) desata la soga que cuelga y el pobre cuerpo (de Yocasta) cae al suelo... Espectáculo horrible... (Edipo) arranca las fíbulas de oro que servían para ajustar sus vestidos sobre ella, las levanta en el aire y se pone a golpear con ellas sus dos ojos..., mientras decía cosas como éstas: 'así no verán ni el mal que yo he sufrido, ni el que he causado; así, las tinieblas les impedirán ver lo que yo no he debido ver y conocer a los que, a pesar de todo, yo hubiera querido conocer'... Está gritando,... profiriendo expresiones impías... Habla como un hombre que se dispone a exiliarse él mismo del país, que no puede seguir viviendo aquí, puesto que es víctima de su propia maldición. Sin embargo, necesita el apoyo de otra persona, necesita un guía. El golpe que le ha herido es demasiado duro, para que él pueda soportarlo..."

Sale a escena Edipo, que suplica al Coro que lo destierren del país o lo maten: "Sacadme cuanto antes de este país. Sacad, amigos míos, al azote execrable, al maldito ente los malditos, al hombre que, entre los mortales, es el más aborrecido por los dioses... ¡Maldito sea... el hombre que me recogió sobre la hierba de un pastizal..., me salvó de la muerte y me devolvió a la vida...! No me hizo favor alguno... Si yo hubiera muerto entonces, no me habría convertido en el sufrimiento que soy ahora para mí y para los míos... No habría sido yo el asesino de mi propio padre ni... el esposo de la que me dio a luz... ¡Si existe una desgracia aún mayor que la desgracia misma, esa le ha tocado en suerte a Edipo!"

El corifeo le dice: "Sería preferible que ya no existieras a vivir ciego".

Edipo le contesta: "Si yo viese aún, ¿con qué ojos, al descender al Hades, habría podido mirar a mi padre y a mi desventurada madre, puesto que con respecto a ambos he cometido acciones más atroces que las que se pagan con la horca?".

Llega Creonte y asegura que no ha venido a burlarse de Edipo ni a echarle en cara ninguno de los ultrajes que de él ha recibido últimamente.

Edipo le suplica: "A ti te dirijo mis ruegos postreros. A la que está allí, al fondo de este palacio, hónrala con los funerales que consideres más oportunos... En cuanto a mí, que jamás esta ciudad, la ciudad de mis padres, me permita residir en ella, mientras yo esté aún vivo. Déjame más bien vivir en las montañas, en el Citerón, que me está destinado por la suerte. Mi padre y mi madre, cuando vivían, lo habían designado para que me sirviera de tumba... Por mis hijos varones no te preocupes... Son hombres y, dondequiera que estén, no les faltará el pan... Pero a mis pobres e infortunadas hijas..., cuídamelas, te lo suplico... No permitas que las que son de tu familia vaguen mendigando, sin esposos; no las iguales a mí en la desgracia".

El corifeo pone fin a la obra con estas palabras: "Ciudadanos de Tebas,... Aquí tenéis a Edipo, el hombre que descifró los famosos enigmas, el más poderoso de los humanos. Nadie en su ciudad podía contemplar sin envidia su destino... Y hoy... ¡en qué abismo de espantosa miseria se ha precipitado! Para juzgar a un mortal, es preciso tener siempre en cuenta el último día de su exis­tencia. No debemos jamás considerar feliz a un hombre, hasta que haya franqueado el límite de su vida sin haber sufrido dolor alguno".