ESQUILO

Esquilo, hijo de Euforión, ateniense del demo de Eleusis, nació en la famosa ciudad del santuario de Deméter, el año 525 a.C., y murió en Gela, ciudad de Sicilia, el año 456 a.C.

Aristóteles dice que Esquilo fue procesado por asébeia (impiedad), por haber revelado ciertos ritos sagrados. Fue absuelto al alegar que él no estaba iniciado y, por consiguiente, desconocía tales misterios. Esta declaración y su heroica participación en Maratón influyeron en el tribunal del Aréopago, que más tarde fue defendido por él en Las Euménides.

Esquilo fue en Maratón uno de los combatientes "duros como encinas". Recibió, al parecer, numerosas heridas. Al menos, así lo recuerda el epitafio fijado sobre su tumba.

Es posible que Esquilo interviniera también en la batalla naval de Salamina.

Participó en las expediciones a Tracia, reflejadas en algunos pasajes de las tragedias conservadas.

Compitió con Prátinas y Quérilo en la Olimpíada 70 (498 a.C.), cuando tenía 25 años.

Obtuvo su primera victoria literaria en una competición trágica el año 484 a.C. Este triunfo, un tanto tardío, fue seguido por otros doce en vida y muchos después de su muerte.

El año 472 a.C., cuando ya gozaba de gran prestigio, venció con la tetralogía de la que formaba parte su tragedia Los Persas.

Hacia el año 471, invitado por Hierón, llegó a Siracusa. Cantó a esta ciudad en una de sus tragedias, Las mujeres de Etna. Venció el año 470 con su carro en Delfos, triunfo cantado por Píndaro en su Pítica 1.

Regresó a Atenas y fue vencido, el año 468, por Sófocles en un concurso de tragedias.

Un año más tarde triunfó con su trilogía tebana (Layo, Edipo, Los Siete contra Tebas).

Diez años después (458), tras su victoria con la Orestíada (Agamenón, Las Coéforas, Las Euménides), única trilogía que ha llegado completa hasta nuestros días, Esquilo viajó de nuevo a Sicilia. Murió en Gela dos años más tarde a los 69 años. Allí compuso probablemente su Prometeo.

Hermipo de Esmirna relata que murió al recibir en su cabeza calva el golpe de una tortuga, que un águila había dejado caer, para romper su concha contra las rocas.

De las 90 tragedias que se le atribuían en la Antigüedad, sólo se conservan siete: Persas, Prometeo Encadenado, Los Siete contra Tebas, Las Suplicantes, Agamenón, Las Coéforas y Las Euménides.

Diez años antes de nacer Esquilo, Tespis había tomado parte en el primer concurso público de tragedias. Este personaje, un tanto mítico, recorría con su famoso carro el Ática, ofreciendo representaciones teatrales, que suscitaban entre el público tal interés, que el tirano Pisístrato decidió regular los concursos de tragedias y fijar determinados premios para los poetas que en ellos resultaran vencedores.

Tespis ya había llevado a cabo una serie de innovaciones, como la introducción de un actor y el uso de máscaras. Frínico había introducido algunos personajes femeninos y recurrido a temas relacionados con la epopeya, así como al uso de las trilogías temáticas y a la aproximación a la tragedia histórica. El drama satírico había cobrado auge con Prátinas.

Partiendo de las innovaciones de tales predecesores, Esquilo quiso dar a la tragedia una nueva estructura. Abrevió los cantos, en los que el coro ensalzaba a los dioses del principio al fin de la obra. Abrevió también las extensas monodias, sustituyendo el elemento musical por lo realmente trágico y convirtiendo en protagonista la parte hablada, propiciando el diálogo entre los actores.

Mejoró los atuendos de los actores y del coro, que fueron imitados por los rituales religiosos. Esto contribuyó a conferir a las gentes dedicadas al teatro cierta respetabilidad. El coturno, zapato de suela muy gruesa, realzaba la estatura de los actores y los ponía al nivel ético de los héroes e incluso de los dioses que representaban. A ello se sumaba el uso de vestiduras talares, que les infundía cierta magnificencia.

Importante innovación de Esquilo fue el uso de las "máscaras terribles", de corcho o de madera "pintadas de colores", que causaban efectos terroríficos, como en el coro de Las Euménides.

Con la brillantez de sus coros asombraba al público y, según afirma Filóstrato, "practicó una puesta en escena adecuada a los caracteres heroicos".

Inventó también muchas figuras de danza, cuyos esquemas e incluso partituras hacía personalmente, según vemos en Las Ranas de Aristófanes.